
Y, ahora aferrándome a lo raro. El pensamiento que cala enormemente esta estatua de cuerpo. Son tus palabras, que se diluyen en tu adiós. Tan, pero tan feo.
El sonido escondido de la noche me cierra el paso
Estoy ahí. Terco
Con miedo
Mis manos aún no cicatrizan. Y, ahí está la espada tuerta de mi soledad
Dándome como todas las noches,
Una pelea dispareja
Yo no me muevo, sólo veo los fantasmas de mis culpas pasar
No me inmuto
¿Para qué?
¿Por qué?
No exclamo piedad, ni tampoco grito por ayuda
La arena de mi felicidad ya terminó
Y, no estoy de ánimos para luchar
Golpes y más golpes
Que sufre mi piel
Pero entre el laberinto luciérnaga de la noche
He sentido el sabor de tu piel
Más exactamente el sabor de tu cuello
Y, me he sentido. Inmensamente feliz
Pero, ahí me encuentro yo, de nuevo
Suspirando en otra noche de dolor
Ahí. Ingrato amor
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