
Ayer, estuve por barranco paseando. Te extrañé, aunque sé perfectamente que extrañarme no está en tus planes. Te extrañé, es qué cómo te abras dado cuenta. Soy muy melancólico, sobre todo cuando algo dentro de mí, me perfora el corazón. Perdona, pero te extrañé.
Sacarme las pestañas y pedir un deseo, el deseo por supuesto es que vuelva, estoy empezando a no creer en ese estúpido mito. Reírme de costado o reírme a carcajadas, golpeando mis piernas. Preguntar o exclamar “Qué” y luego reírme. Correr y nadar, nadar y correr. Comprar chocolates, rosas, tulipanes, flores, cartas, bombones que me da miedo mandárselo. Escribir poemas con letra imprenta y quemarlos. Fumar en el balconcito de mi depa. Jugar con el humo del cigarro y mi lengua. Usar mi calculadora científica Casio para cualquier operación matemática. Usar una boina negra con lentes oscuros. Carraspear y seguir carraspeando. Untarme vaporud en la nariz todas las noches, para poder dormir. Escribir en mi mano alguna pesadilla o algún sueño. Escribir en los autos sucios PLEASE WASH ME. Mirar cada auto y decir la marca en voz alta. Mirar al cielo y pensar que ella también lo mira, y suspirar como un cojudo. Contar los pasos desde el paradero hasta mi casa. Cantar LOVE de Nat King Cole todas las mañanas. Cambiar de firma en el trabajo. Fruncir mis cejas. Ir a cualquier restauran pedir vino y llamar a cualquiera de mis amigas y brindar por el destino. Llamar a Daniela y decirle que la quiero y que ese infeliz no la merece. Llamar a Corinne y decirle que me abandonó. Llamar a Julietita y decirle que es muy linda. Intentar llamar a Stacey.
Tomar todas las mañanas dos vasos de jugo de fresa con hielo. Tomar fanta todos los días saliendo del trabajo. Planear un viaje a Argentina, que luego cancelo. Planear un viaje a Brasil, que luego cancelo. Ir a Chillis a tomarme el vodka más rico del mundo y conversar con Angie, la que atiende y contarle mis cosas. Hablar con George el dueño de un negocio algo raro en la Av. Arenales. Conversar de Sabina y de Arjona. Recitar poemas al aire libre, sin más vergüenza. Mirarme las uñas. Tomar todos los fines de mes con la gente del trabajo. Llamar a Beto Ortiz todos los viernes sin que él conteste. Revisar celulares ajenos por curiosidad. Ir de frente a mensajes y llamadas recientes de esos celulares. Dormir con la televisión prendida. Gritar tipo tarzán cuando despierto. Abrigarme y destaparme, destaparme y abrigarme. Creer que mi almohada es una persona y abrazarla. Darle todo el dinero que tengo en la billetera al niñito que me mira con ternura o la abuelita que me mira con tristeza. Tocarme la cicatriz enorme de mi cabeza. Cortarme el cabello dónde Paulo.
Reírme de la nada con la chica que me trae medio loco. Comer rapidito. Engreír a mi sobrino. Pelear con el patita que escucha Heavy metal en el deparmento de arriba. Bicicletear por lugares que no conozco. Cantar en Coreano el temita de los ositos. Quedar en citas y nunca ir. Manejar sin brevete. Estar horas y horas encerrado en una hermosa biblioteca sin darme cuenta de la hora. Extrañar lo inextrañable o lo que no debo extrañar. Arrepentirme de las tonteras que he hecho y que he dicho. Pintar. Esa hermosa afición que le he agarrado tanto camote, pintar en las tardes de sábados. Pintar y seguir pintando. Pagar por adelantado el gym y jamás ir. Hacer reservaciones y llegar tarde. Maleconear en barranco y luego ir a Juanito Bar.
Pronunciar mi nombre fuerte y escuchar algún eco. Inventarme historias que luego no me acuerdo. Cantar cualquier cosa que se me venga a la mente y darle ritmo, luego sorprenderme que la canción saliera buena. Mirar películas y comer cancha con gaseosa y sentirme un cerdo. Comprar los jueves pizza dos por uno y sentirme muy ahorrador. Escribir todos los martes en mi pared del cuarto, cualquier cosa que salga de mi tórtola mente. Prometer no tomar más pastillas y volver a romper la promesa. Preguntar siempre a las vendedoras ¿Por qué tan caro?, y sonreírles. Decir una infinidad de insultos a las personas que no me caen bien – decirlas por dentro- y reír por fuera. Mirarme en el espejo de mi baño y hablarme, exorcizarme. Contarme mis defectos y mis errores y seguir hablándome. Preparar lomo saltado para dos y comerme los dos platos. Mirar directamente a los ojos a las chicas que me interesan. Entrar a Starbucks y pedir frapuccino caramel. Intentar no pensar en ella y rendirme ante mis ansias de pensarla. Agarrar mi libro de poemas en francés y recitar cualquiera y sentirme poeta. Responder los mails de insultos con elogios para ellos o ellas. Decirle al señor que vende sanguches que me eche mucha crema, como para granoso y que él se ría sin parar. Extrañar, extrañar y seguir extrañándola. Esa manía tan absurda de extrañar a esa persona que no quiere que la extrañe.
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