ÁNGEL DE MI ALMA (crónica por el día contra el VIH)

 

Por eso el adiós-AIDS es inolvidable en su fulgor momentáneo.

Pedro Lemebel.      

 

Su sonrisa desmoronando mi mundo intelectual. Su vida rasguñando mi mirada. Su auto. Sus silencios que se hacían tan profundos como la brisa de la ola que los dos escuchábamos en la playa que nos gustaba. Ahí, estaba mi amiga, delgada  y recogiendo  arena en el mar que reventaba su espuma en los pies felices de ella. Y, claro, ahí estaba yo, con vaso de ron en la mano, negándome a que un día la tenía que perder. Negándome rotundamente a que el compas de la muerte tenía que llevársela y dejarme tan solo como un monje sin dios. Asqueado por esa enfermedad que me la tenía que arrancar tarde o temprano.

Y recuerdo en mi mente tórtola, su mirada y sus silbidos en las noches sintiendo el frio perverso del mar cacheteándonos el rostro, ensortijando nuestros pensamientos. Ella mirando la luna, yo mirando el cielo. Recuerdo que vestida de blanco como un ángel se recostaba en mi hombro delgado y inhalaba profundamente el cigarro de turno, mientras cantaba alguna canción de Arjona, mientras me contaba alguna historia, algún amor en Brasil o en New york.

Y,  ahora que siento presión en mi corazón enfermo, quizás enfermo por tu partida tan repentina. Extraño en la profundidad de mi alma, todo de ti. Tus te quieros, en el aire barranquino. Tus raptos de locura, cuando íbamos a cualquier discoteca, y tomábamos como locos desencadenados.  Las reuniones al ras del sol acariciando nuestra alma plebeya, nuestra alma morocha. Escuchando a Luchita Reyes, escuchando y cantando a todo pulmón “Esta será tal vez mi última canción”, ahí estabas tú, con tu rostro salpicado por efélides hermosas, cantando al ritmo tambor de tu voz.

Y, ahora mi querida amiga, hoy que es el primer día de Diciembre, el día en que se celebra la lucha contra el VIH, ese virus traicionero que te llevó  en su avión rojo. Que te llevó en el momento menos esperado, que te llevó y me dejó huérfano de hermana. Qué soy yo sin mi sol, sin mi luna, sin mi mitad, sin mis ojos, sin mi alma. ¡Qué puedo ser yo sin ti!

Entonces, ahora camino a visitarte, a conversar, a verte, a sentir tu presencia. Sé que no es el día que acostumbro visitarte, sé que no es día que me esperes. Pero así soy. Ya sabes, he tenido cosas que contarte, cosas que me has respondido en el oído. Aunque, daría mil vueltas por el infierno por tan solo tenerte con esa risa acá. Y acá estoy con tulipanes en los brazos y cantando mi  canción más endecha de mi reportorio bolerístico.

Entonces hermana querida, te hablo y sé que me escuchas ahí en el cielo infinito. Sé que me estás viendo en algún lugar, sé que estás llorando como yo lloro  sentado y haciendo un torpe brindis con un ron. Y, ahí estoy querida  belleza italiana, cantándote al oído mis desgarros, poniéndome celoso de dios, porque te arrebató de mi lado. Y, ahora que el alcohol pasa violento como una avalancha de nieve seca, te recuerdo en el brindis perfecto de la tarde cayendo.

Sé que me cuidas, que me extrañas, como yo te extraño a ti. Sé, que te ríes cada vez que camino apurado y me tropiezo. Sé, dulce voz, que me secas cuando en las noches me despierto sudado por alguna pesadilla. Sé, bella melodía, que algo tienes que ver, a que sienta hoy esta paz tan profunda.

Te he visto en mis sueños tocando el claxon de tu auto, para que pueda salir y oírte gritar al sentir la presión del viento empujando tu cabello. Te he visto en mi andar, con tus lentes oscuros y con el infaltable cigarro.

Y, que puedo decir yo ahora, adorada princesa. Si, ya no caben palabras para demostrarte que te extraño en cada atardecer naranja. Para que sepas que te extraño cada vez que enciendo un cigarro. Y, que puedo decirte si tus recuerdos vienen como torbellinos que desesperan mi corazón.

Tu tatuaje que acariciaba tu espalda y deletreaba el nombre hebreo la cual soy dueño, fue para ti, el sello eterno de nuestra amistad. Para ti, qué quizás sientas también la saliva amarga cuando noto que no te tengo, cuando agarro el teléfono y sé que no contestarás. Porque a veces en mi desesperada agonía he marcado tu número, pero solo un eco me ha contestado, recordándome que el viendo de ese cruel virus te llevó.

Un te extraño, ahora es tan poco. Tan poco, dulce niña.

 

2011-12-01

 

 

Me pueden visitar en  http://isaacorepapeles.blogspot.com

Vistas: 192

Comentario

¡Tienes que ser miembro de DELOBUENOUNPOCO.COM para agregar comentarios!

Únete a DELOBUENOUNPOCO.COM

Comentario de Henry Bermudez el enero 17, 2012 a las 5:34pm

Buena idea, pero estaba mal escrito, organizado, redundante. Quizás haya sido tu primer ensayo. Con el tiempo y la práctica mejorará. No era lo que al inicio pretendió ser.

Comentario de Sebastian Rey Rey. el diciembre 9, 2011 a las 2:04pm
Gracias por sus comentarios
Comentario de Hiram Jey el diciembre 2, 2011 a las 2:16pm

Simplemente Sensacional Me gustan estos tipos de Inspiraciones , muy profundo Si fuiste tu el autor estas lleno de ideas buenas ... Gente como Tu puede cambiar el Mundo ... ;-)

© 2013   Creada por WebMaster.

Insignias  |  Informar un problema  |  Términos de servicio